


“Ninguna belleza sería posible sin que interviniese algo accidental…No será bello más que lo que sugiere la existencia de un orden ideal, supraterrestre, armonioso, lógico, pero que posea al mismo tiempo, como la tara de un pecado original, el gusto de veneno, la brizna de la incoherencia, el grano de arena que obliga a que se desvíe el sistema…”
“Y en las sobrevestas negras habían bordado un árbol blanco con flores como de nieve bajo una corona de plata y estrellas de numerosas puntas. Tal era la librea de los herederos de Elendil, y ya nadie la usaba en todo el Reino salvo los Guardias de la Ciudadela apostados en el Patio del Manantial, donde antaño floreciera el Árbol Blanco.”