“Ninguna belleza sería posible sin que interviniese algo accidental…No será bello más que lo que sugiere la existencia de un orden ideal, supraterrestre, armonioso, lógico, pero que posea al mismo tiempo, como la tara de un pecado original, el gusto de veneno, la brizna de la incoherencia, el grano de arena que obliga a que se desvíe el sistema…”
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